martes, 28 de julio de 2015

Breve pasaje

En recuerdo de un pequeño pasaje de mi vida de la niñez.

Verano de 1974

Mi madre siempre posterior a las 3:00 PM, esperaba un grito expresivo de la llegada de mi papá, mi madre en eso entonces según mis cálculos tenía menos edad de la que actualmente tengo, digamos que oscilaba en los 40, su nombre es Adela, y el patriarca José.
La llegada de mi papá en ese entonces de lunes a viernes era lo que mi mamá siempre esperaba, mi papá siempre decía :  “YA LLEGUE VIEEJAAA!!!! , recuerdo aun a mi madre que solo esbozaba una sonrisa contestándole QUE BUEEENOOO VIEEEJOOO, era rutina de todos los días, en el cual mi madre casi siempre se encontraba en la cocina, una cocina hecha por las manos de mi papá desde cero, la cocina no era grande ni mucho menos ostentosa, ni muebles como los que imaginamos hoy en día, solo era una estufa blanca con cuatro quemadores, la cual se alimentaba de un recipiente de gas al que le llamábamos “tambo de gas”,  esta no contaba con horno, pero tenia una puerta en la cual guardaba parte de los utensilios de cocina, con una pequeña despostillada en la parte superior en la esquina del quemador uno.
La cocina era una pared de adobe, la otra parte de padecería de ladrillo unido con tierra, tenia otra pared de madera, y una puerta de madera con tablas, la cual era la principal entrada de la casa,  un trastero de madera color obscuro  con pequeñas puertas de vidrio y una pata coja, siempre lleno de utensilios, además del trastero constaba de una mesa de madera con cubierta de lámina galvanizada, siempre me pregunte por qué la cubierta, era una mesa muy fuerte, con unas patas gruesas de madera que más bien parecían barrotes las 4 patas, el techo de la cocina era de cartón negro y el piso era de tierra
La olla grande siempre en esos momentos se encontraba en la estufa, con la comida que hacia diario mi mamá en ese entonces vivíamos con ellos 6 de los 7 hijos que tenía, uno se encontraba fuera de casa viviendo con la hermana menor de mi madre.
La olla por lo regular tenia albóndigas, otros días caldo de queso, otros sopa con verduras, gallina pinta, etc, era un menú no muy grande pero por parte de nuestra madre muy inteligente, el saber que hacer cada día para comer, sin repetir el menú en la misma semana, en el otro quemador por lo regular se encontraba un sartén metálico algo pesadito, en el cual por lo regular estaban los frijoles calentándose para la comida, en la otra no podía faltar la talega de café, esa aún recuerdo que era la cafetera de peltre azul que en esos tiempos era de talega así le decía mi mama, la talega no era más que un recipiente metálico de peltre con una forma, en la cual lleva un filtro hecho de tela muy gruesa, casi como una lona, se ponía a calentar el agua en el recipiente, y el café molido dentro  del filtro y este filtro a su vez se ponía en la cafetera a esperar a que el calor del fuego hiciera su trabajo.


Mi madre
Mi madre desde que yo recuerdo era la clásica mamá, señora madura de sobrepeso, cabello gris casi siempre cabello hasta los hombros, con anteojos cara de tez blanca,  las mejillas casi siempre rosadas, por lo regular nunca portaba nada de joyas, brazos anchos, baja de estatura, y casi siempre portaba algo en las manos, ya sea una cuchara, un traste, ropa para lavar, etc., hasta un corrector de infantes que le llamábamos la cuarta, fumaba cigarros fiesta, tomaba mucho café, comía tortillas de maíz, y a mi papá y a nosotros nos preparaba tortillas “sobaqueras”, que son tradicionales de los pueblos del río de Sonora.

Eso era por lo regular la rutina después de las 3 de la tarde, que era la llegada de mi papá a la hora de la comida y su tasa de café a disfrutar con su mujer, mi madre, que después de eso nunca faltaba el café en un porche grande en el cual se ponían los dos a fumar y a platicar.