En recuerdo de un
pequeño pasaje de mi vida de la niñez.
Verano de 1974
Mi madre siempre
posterior a las 3:00 PM, esperaba un grito expresivo de la llegada de mi papá,
mi madre en eso entonces según mis cálculos tenía menos edad de la que
actualmente tengo, digamos que oscilaba en los 40, su nombre es Adela, y el
patriarca José.
La llegada de mi papá en ese entonces de lunes a viernes era lo que mi mamá
siempre esperaba, mi papá siempre decía :
“YA LLEGUE VIEEJAAA!!!! , recuerdo aun a mi madre que solo esbozaba una
sonrisa contestándole QUE BUEEENOOO VIEEEJOOO, era rutina de todos los días, en
el cual mi madre casi siempre se encontraba en la cocina, una cocina hecha por
las manos de mi papá desde cero, la cocina no era grande ni mucho menos
ostentosa, ni muebles como los que imaginamos hoy en día, solo era una estufa
blanca con cuatro quemadores, la cual se alimentaba de un recipiente de gas al
que le llamábamos “tambo de gas”, esta
no contaba con horno, pero tenia una puerta en la cual guardaba parte de los
utensilios de cocina, con una pequeña despostillada en la parte superior en la
esquina del quemador uno.
La cocina era una pared de adobe, la otra parte de padecería de ladrillo
unido con tierra, tenia otra pared de madera, y una puerta de madera con
tablas, la cual era la principal entrada de la casa, un trastero de madera color obscuro con pequeñas puertas de vidrio y una pata
coja, siempre lleno de utensilios, además del trastero constaba de una mesa de
madera con cubierta de lámina galvanizada, siempre me pregunte por qué la
cubierta, era una mesa muy fuerte, con unas patas gruesas de madera que más
bien parecían barrotes las 4 patas, el techo de la cocina era de cartón negro y
el piso era de tierra
La olla grande siempre en esos momentos se encontraba en la estufa, con la
comida que hacia diario mi mamá en ese entonces vivíamos con ellos 6 de los 7
hijos que tenía, uno se encontraba fuera de casa viviendo con la hermana menor
de mi madre.
La olla por lo regular tenia albóndigas, otros días caldo de queso, otros
sopa con verduras, gallina pinta, etc, era un menú no muy grande pero por parte
de nuestra madre muy inteligente, el saber que hacer cada día para comer, sin
repetir el menú en la misma semana, en el otro quemador por lo regular se
encontraba un sartén metálico algo pesadito, en el cual por lo regular estaban
los frijoles calentándose para la comida, en la otra no podía faltar la talega
de café, esa aún recuerdo que era la cafetera de peltre azul que en esos tiempos
era de talega así le decía mi mama, la talega no era más que un recipiente metálico
de peltre con una forma, en la cual lleva un filtro hecho de tela muy gruesa,
casi como una lona, se ponía a calentar el agua en el recipiente, y el café
molido dentro del filtro y este filtro a
su vez se ponía en la cafetera a esperar a que el calor del fuego hiciera su
trabajo.
Mi madre
Mi madre desde que yo recuerdo era la clásica mamá, señora madura de
sobrepeso, cabello gris casi siempre cabello hasta los hombros, con anteojos
cara de tez blanca, las mejillas casi
siempre rosadas, por lo regular nunca portaba nada de joyas, brazos anchos,
baja de estatura, y casi siempre portaba algo en las manos, ya sea una cuchara,
un traste, ropa para lavar, etc., hasta un corrector de infantes que le llamábamos
la cuarta, fumaba cigarros fiesta, tomaba mucho café, comía tortillas de maíz,
y a mi papá y a nosotros nos preparaba tortillas “sobaqueras”, que son
tradicionales de los pueblos del río de Sonora.
Eso era por lo regular la rutina después de las 3 de la tarde, que era la
llegada de mi papá a la hora de la comida y su tasa de café a disfrutar con su
mujer, mi madre, que después de eso nunca faltaba el café en un porche grande
en el cual se ponían los dos a fumar y a platicar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario